La mesa de al lado ya ha decidido por ti

Verano, una calle que no conoces y la hora de comer. Dos restaurantes casi idénticos, uno al lado del otro. Uno tiene mucho bullicio y algo de cola; el otro está casi vacío, el único cliente y el camarero miran el móvil. ¿A qué restaurante entras? Casi sin pensarlo, al que está lleno. Y lo curioso es que no tienes ni una sola prueba de que se coma mejor allí. Pero tienes a los demás.

Lo que acabas de hacer tiene un nombre, el principio de la prueba social. Así lo bautizó el dr. Robert Cialdini, referente mundial de la psicología de la persuasión, en su clásico Influencia. La idea es sencilla: cuando no sabemos qué elegir —y casi nunca lo sabemos del todo—, miramos lo que hacen los demás y lo usamos como atajo para decidir. Generalmente resulta un buen atajo, que tiene mayor peso cuando hay mucha incertidumbre y cuanto más se parecen a nosotros quienes ya han elegido.

¡No, no es que seamos borregos… aunque alguno siempre hay! Copiar al grupo suele ser una apuesta razonable que nos ahorra mucha energía mental.

Cuando buscas dónde comer y utilizas la aplicación TheFork (antes ElTenedor, desarrollada en España en 2007), no te aparece solo el menú del restaurante. La app te muestra la nota media, las opiniones que tiene el local, cuántas veces se ha reservado y su puesto en el ranking de los usuarios. Un restaurante pequeño y desconocido que tenga reseñas reales y buena puntuación puede pasar de repente a jugar en la «liga de los famosos». No ha cambiado su propuesta, simplemente ha hecho visible que hay otros usuarios que ya confiaron en él.

Y este es el aprendizaje que sirve para cualquier negocio, grande o pequeño: la prueba social no se compra, se enseña. Muchas pymes tienen clientes encantados con sus productos y servicios… y los esconden. Destacar «el plato más pedido» en la carta, mostrar las reseñas tanto en la web como en el local, el número de personas que ya te han comprado o un testimonio con nombre y cara son acciones que mueven la decisión mucho más que enumerar tus propias virtudes.

La condición innegociable: que sea auténtica. La prueba social inventada puede funcionar a corto plazo, pero se acaba detectando y destruye justo lo que necesita cualquier negocio para ser sostenible en el tiempo, la confianza.

Tu mejor comercial no eres tú: es el cliente de al lado.

Tu único trabajo es dejar que se le escuche.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

ocho − 8 =